El día de la cita llegó. Ac0rdamos vernos en un conocido centro comercial. Llegué 10 minutos antes como es costumbre mía. Ella tardó 20 minutos más en llegar. Considerando que hacía más de 5 años que no la veía, realmente no tuvo importancia esperar unos minutos más por este reencuentro anunciado.
Llegó con esa misma sonrisa con la que la ví la última vez que nos despedimos. Su complexión había cambiado un poco, ciertamente, ya no era esa pequeña niña de 13 años con brackets a quien yo conocí hace ya más de una década. Pero linda como siempre, como sólo ella puede ser.
Caminamos hacia la sona de fast food, muy tranquila por esas horas, muy bulliciosa después del medio día, sería otro detalle que pasaría a segundo término porque no quería distraerme. Sabía que no teníamos mucho tiempo, y quizá ese sería el último encuentro, y no habría otro, sí, posiblemente así sería.
El capuccino frappé se terminó mucho antes que nuestras palabras. Me di cuenta lo mucho que estuvimos ausentes el uno del otro, Me hubiese gustado mucho estar más presente en su vida, no sólo como recuerdo. Diablos! No! No quiero otro “hubiera” en mi vida. Pero ahora, terminaremos siendo solamente esto, recuerdos, fantasmas, promesas que no se cumplirán, sueños que tal vez me visiten en aquellas noches frías cuando más pesan las ausencias.
Todavía alcanzamos a comer un poco antes de que tuviéramos que partir hacia su escuela. No podía faltar a clases, al menos no sería por mi culpa si lo hace.
Queda cerca del centro comercial, así que caminamos juntos por esta última vez. Seguimos hablando de trivialidades, de lo loco del clima, nuestros amores tormentosos y de lo que pasará el día de mañana.
Después de que ella cruzara aquella puerta de cristal de su escueña, se iría por un camino en paz donde yo ya no podría acompañarla más.
“Así es como terminará esta historia después de tantos años”, me decía por dentro. Entonces recordé aquel viejo poema que le escribí y que nunca llegaría a sus manos. Francamente sería estúpido dárselo ahora. Ya es tarde para los dos.
Su clase estaba a punto de comenzar, el tiempo se nos terminó. Me dio un abrazo, le deseé mucha suerte y fortuna en su vida pues ella lo merece y más. “Te quiero mucho” fueron sus últimas palabras. Yo solamente le sonreí, cualquier cosa que le dijera ahora no haría mejor ni peor este momento.
Entró a su escuela mientras yo acomodaba mis audífonos. Di la media vuelta y empecé a caminar mientras que “My way” con Elvis Presley comenzaba a escucharse. Una gran canción para un final que quizá no fue bueno, pero sí lo mejor. Este ciclo se ha acabado. Ahora sólo puedo desearle toda aquella felicidad que no tuvimos. K.M., adios.
Epílogo
El 20 de febrero de 2009, K.M. se conectó en el MSN después de algunos meses de ausencia. Freakdevil iba de salida, pero era necesario saberlo. Le pregunté directamente si se había casado. “Sí, y estoy viviendo en Cancún”, fue su respuesta. Ahora, finalmente está viviendo con aquel que sí se atrevió a decirle de frente lo que yo nunca pude hacer. Lo más irónico de este asunto, es que con ella siempre me detuvo la diferencia de edades pues ella es menor que yo casi 5 años, y ahora ella está casada con alguien que tiene mi misma edad. Sea vita est.
No me queda nada más por decir sobre este asunto. Sólo una canción viene a mi mente.
Porque te quise tanto, tanto, tanto, que para salvarte, sólo supe hacerme odiar.
